Echamos
de menos muchas, muchísimas cosas aquí, desde hace mucho tiempo, y yo las echo
de menos igual que tú. No pienses que estoy hablando de cosas exteriores,
porque en ese sentido aquí realmente no nos falta nada. No, me refiero a las
cosas interiores. Yo, como tú, ansío tener un poco de aire y de libertad, pero
creo que nos han dado compensación de sobra por estas carencias. Quiero decir,
compensación por dentro. Esta mañana, cuando estaba asomada a la ventana
mirando hacia afuera, mirando en realidad fija y profundamente a Dios y a la
Naturaleza, me sentí dichosa, únicamente dichosa. Y,
Peter,
mientras uno siga teniendo esa dicha interior, esa dicha por la Naturaleza, por
la salud y por tantas otras cosas; mientras uno lleve eso dentro, siempre
volverá a ser feliz.
La
riqueza, la fama, todo se puede perder, pero la dicha en el corazón a lo sumo
puede velarse, y siempre, mientras vivas, volverá a hacerte feliz. Inténtalo tú
también, alguna vez que te sientas solo y desdichado o triste y estés en la buhardilla
cuando haga un tiempo tan hermoso. No mires las casas y los tejados, sino al cielo.
Mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que eres puro por dentro y
que, pase lo que pase, volverás a ser feliz.
En
esos momentos no pienso en la desgracia, sino en todas las cosas bellas que aún
quedan. Ahí está gran parte de la diferencia entre mamá y yo. El consejo que
ella da para combatir la melancolía es: «Piensa en toda la desgracia que hay en
el mundo y alégrate de que no te pase a ti.» Mi consejo es: «Sal fuera, a los
prados, a la naturaleza y al sol. Sal fuera y trata de reencontrar la felicidad
en ti misma; piensa en todas las cosas bellas que hay dentro de ti y a tu
alrededor, y sé feliz.» En mi opinión, la frase de mamá no tiene validez,
porque ¿qué se supone que tienes que hacer cuando esa desgracia sí te pasa?
Entonces, estás perdida. Por otra parte, creo que toda desgracia va acompañada
de alguna cosa bella, y si te fijas en ella, descubres cada vez más alegría y encuentras
un mayor equilibrio. Y el que es feliz hace feliz a los demás; el que tiene
valor y fe, nunca estará sumido en la desgracia.
No
soy rica en dinero ni en bienes terrenales; no soy hermosa, ni inteligente, ni
lista; ¡pero soy feliz y lo seguiré siendo! Soy feliz por naturaleza, quiero a
las personas, no soy desconfiada y quiero verlas felices conmigo.
Cada
día me siento crecer por dentro, siento cómo se acerca la liberación, lo bella
que es la naturaleza, lo buenos que son quienes me rodean, lo interesante y
divertida que es esta aventura. ¿Por qué habría de desesperar?
Por
lo general las mujeres, tan sólo por el hecho de tener hijos, padecen más
dolores, enfermedades y desgracias que cualquier héroe de guerra. ¿Y cuál es la
recompensa por aguantar tantos dolores? La echan en un rincón si ha quedado
mutilada por el parto, sus hijos al poco tiempo ya no son suyos, y su belleza
se ha perdido. Las mujeres son soldados mucho más valientes y heroicos, que
combaten y padecen dolores para preservar a la Humanidad, mucho más que tantos
libertadores con todas sus bonitas historias...
Con
esto no quiero decir en absoluto que las mujeres tendrían que negarse a tener
hijos, al contrario, así lo quiere la Naturaleza y así ha de ser. A los únicos
que condeno es a los hombres y a todo el orden mundial, que nunca quieren darse
cuenta del importante, difícil y a veces también bello papel desempeñado por la
mujer en la sociedad.